LA FINADA EQUIVOCADA

        No hay receta para soportar el dolor de saber que ya no tenemos a nuestro familiar, amigo o cercano del amigo de nuestro amigo. Pero al dolor sumemos la sorpresa y el desconcierto cuando nos avisan, en medio del velorio que el cuerpo que está en el ataúd, no es tal, sino un desconocido. Coincidiremos seguramente en sufrir pero con rabia. 

         Esta noticia ocurrió en Peña Blanca y me entero por mi santa madre después de que escuchara de boca de otras señoras que compraban en el puesto de verduras. La emotividad por la pérdida de una persona sumado al desequilibrio que se produce en una situación tan lamentable, es lo que hace que se vuelva a cero en la inmensidad del dolor y además acompañado de una nueva inquietud para resolver el problema.


         Se ha hecho noticia del suceso, se ven las caras de los no deudos, presencia de la policía, traslado del ataúd, aglomeración de curiosos, fotógrafos....y la familia acompañada de los mismos que despedían a una finada equivocada.


         Y ahora queda volver donde la señora que aún sigue respirando en una cama de hospital, la que de algún modo les hará sentir que todavía no era la hora.


        

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